Las especulaciones sobre cómo puede ser la cosechadora del futuro posiblemente estén pasando por alto lo que dice el presente.
Imaginar una cosechadora totalmente autónoma tal vez sea un ejercicio inútil, porque ya puede estar entre nosotros.
La máquina actual le arrebató al operario una serie de responsabilidades para convertirse en autómata y se acerca al 90% de funciones que hace por su cuenta.
Y la pregunta que sigue es: ¿Ya llegó la cosechadora al límite de su inteligencia?
Ingenio
Para responder al interrogante hay que repasar las capacidades incorporadas en las cosechadoras:
“Ven” los cultivos
Los sensores de radar montados en las plataformas de cosecha miden el estado, la altura y la densidad del cultivo para variar el controlador de caudal. También miden el perfil del suelo y optimizan el control de la altura de la barra de corte, utilizando valores calculados mediante nuevos algoritmos. De este modo, se evita una sobrecarga o una subcarga significativas de la cosechadora.
Se mueven solas
La nueva tecnología predictiva de la velocidad automatiza los movimientos en función de la densidad del cultivo. Se nutre de tres recursos basados en satélites: GNSS, imágenes y conectividad. La cosechadora utiliza esta información en tiempo real para detectar la altura del cultivo o cultivos caídos y así ajustar la velocidad de avance.
“Razonan”
Una vez calibrada, la máquina hace una serie de análisis, como las condiciones del suelo y agronómicas, y realiza intervenciones hasta llegar al punto óptimo para cada situación en particular a través de su sistema inteligente.
Piensan rápido
Gracias a los sensores y tecnologías integradas, es posible la lectura de datos cada 20 segundos, realizando ajustes preventivos a medida que cambian las condiciones de cosecha.
Ajustan la trilla
Regulan, cuando es necesario, los parámetros de velocidad del rotor y del ventilador, todo el conjunto de zarandas, la velocidad de desplazamiento y la carga del motor. También intervienen en el tiempo de procesamiento del material en la zona de trilla con la alteración de las aletas de la jaula del rotor y sin necesidad de cambiar la posición de los cóncavos.
Hacen trillado dual
Incorporan dispositivos de pre-separación como uno de los elementos determinantes para limitar el consumo de energía en las cosechadoras. Están diseñados para trillar hasta el 90% de los granos, dejando sólo los granos más difíciles de trillar para el sistema de separación secundario
Enfrentan al viento
El nivel de automatización de las máquinas ya incluye la inteligencia suficiente para ajustar automáticamente la velocidad de los desparramadores cuando la cosechadora gira en la cabecera. Así, permiten una mejor distribución de los residuos de cosecha al compensar el efecto de los vientos laterales. Son dispositivos inteligentes que reconocen automáticamente el giro de la cosechadora en cabecera y modifican la velocidad de los desparramadores.
Clasifican lo que cosechan
La incorporación de nuevos sensores posibilita monitorear la calidad del cultivo mediante el uso de luz infrarroja cercana para analizar nutrientes como el contenido de proteínas, almidón y aceite de los granos, así como los niveles de humedad. Asimismo, pueden crear mapas de humedad.
Identifican a los granos
Así como un celular puede diferenciar los rasgos de una cara o detectar movimientos, las cámaras de las cosechadoras diferencian granos enteros y limpios de granos partidos, granos sucios, vainas o espigas sin trillar, trozos de tallos, hojas y otros materiales que restan valor a la cosecha.
Mejoran sobre la marcha
Detectada la frecuencia con que aparecen granos partidos en las muestras sucesivas, el sistema autónomo genera una nueva configuración respecto de la que traía la máquina, y así mantiene la calidad de la cosecha.